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Entierro ecológico: qué es y por qué está creciendo en México

Un funeral tradicional deja una huella ambiental que casi nadie considera en el momento del duelo: químicos de embalsamamiento, ataúdes de madera y metal, bóvedas de concreto, y el gasto energético de una cremación. El entierro ecológico (en inglés, green burial o natural burial) es, en esencia, la manera en que se enterraba a la gente antes de que la industria funeraria moderna existiera: un cuerpo sin embalsamar, en un contenedor biodegradable, devuelto directamente a la tierra.

Qué significa, en la práctica

Un entierro se considera ecológico cuando cumple, en general, con estos criterios:

  • Sin embalsamamiento, o con embalsamamiento a base de sustancias no tóxicas (se evita el formaldehído).
  • Contenedor biodegradable: un ataúd de madera sin tratar, mimbre, cartón, o simplemente un sudario de tela natural, en lugar de metal, barnices o forros sintéticos.
  • Sin bóveda de concreto, que en los cementerios convencionales se usa para evitar que el terreno se hunda.
  • Lápidas planas o naturales —una piedra sin tallar, un árbol— en vez de monumentos de mármol o concreto, para que el terreno pueda seguir usándose como hábitat.

Algunos cementerios van más allá y funcionan como áreas de conservación: el terreno donde se entierra a las personas es, al mismo tiempo, un bosque o una reserva natural protegida a perpetuidad, financiada en parte por los propios entierros.

El costo ambiental de lo convencional

El impacto no es un tecnicismo. Según datos del Green Burial Council, cada año en Estados Unidos los entierros convencionales generan alrededor de 178 toneladas de CO₂ solo por la fabricación y transporte de materiales, usan más de 1.5 millones de toneladas de concreto en bóvedas y monumentos, y liberan cerca de 827,000 galones de líquido para embalsamar —que contiene formaldehído— al suelo y a los mantos freáticos cada año. Comparados con el entierro ecológico, los entierros y las cremaciones convencionales tienen hasta cuatro veces más impacto en cambio climático y hasta doce veces más impacto en el agotamiento de agua, de acuerdo con los mismos estudios.

Lo que está cambiando en México

En marzo de 2026, la Legislatura del Estado de México aprobó por unanimidad una reforma para crear la figura de “panteones ecológicos” o “cementerios verdes”: zonas de preservación ecológica dentro de los centros de población, destinadas a entierros mediante prácticas sustentables. La reforma busca reducir tanto la saturación de los panteones tradicionales —muchos ya al máximo de su capacidad— como la contaminación de suelo y agua por concreto, metales y químicos de embalsamamiento.

Entre los criterios que contempla la nueva regulación están fomentar prácticas libres de embalsamamiento, revegetar los terrenos, llevar un registro georreferenciado de las sepulturas y monitorear la calidad del suelo y del agua subterránea. La Secretaría del Medio Ambiente del estado será la encargada de entregar los lineamientos a los 125 municipios de la entidad.

Es una regulación local, no nacional, pero marca una dirección: por primera vez una entidad mexicana está normando el entierro ecológico como una categoría formal, en lugar de dejarlo como una práctica informal o exclusiva de comunidades rurales.

¿Es una opción real hoy?

Depende de dónde vivas. En Estados Unidos y Canadá existen ya alrededor de 470 cementerios que ofrecen algún tipo de entierro natural, certificados por organizaciones como el Green Burial Council. En México, la oferta formal apenas está naciendo, pero ya existe: el 18 de mayo de 2022, la Fundación Elisabeth Kübler-Ross México Centro, con sede en San Miguel de Allende, Guanajuato, realizó lo que documentó como el primer entierro genuinamente ecológico del país, como resultado de una colaboración con el propio Green Burial Council para desarrollar un modelo replicable de sitios de entierro natural orientados a la conservación de tierra y la reforestación. Es la misma fundación detrás del legado de Elisabeth Kübler-Ross, la médica que formuló las cinco etapas del duelo.

Fuera de Guanajuato, algunos panteones y comunidades ya practican variantes de entierro sin embalsamamiento por tradición o por costo, mucho antes de que existiera el término “ecológico”. Vale la pena preguntar directamente al panteón o funeraria de tu localidad si ofrecen —o permiten— alguna de estas opciones: muchos las autorizan aunque no las promocionen activamente, porque nadie las pide.

Qué preguntar antes de elegirlo

  • ¿El cementerio acepta ataúdes biodegradables o sudarios, y exige o no una bóveda de concreto?
  • ¿Es obligatorio el embalsamamiento en tu localidad, o solo se exige bajo ciertas condiciones (por ejemplo, transporte a larga distancia)?
  • ¿El terreno está protegido a perpetuidad como área natural, o podría reconvertirse en el futuro?
  • ¿Cómo se marca la tumba, si es que se marca?

Si te interesa dejar esto resuelto de antemano, puedes anotarlo como parte de tus instrucciones en un testamento o incluirlo en el apartado de “otras instrucciones” de tu voluntad anticipada, para que la decisión no recaiga por sorpresa en tu familia.

Para ver

Dos videos de Wilka Roig, MTP, sobre el trabajo detrás del primer entierro ecológico auténtico de México y el panorama del entierro verde en Latinoamérica:

Este artículo ofrece información general con fines de reflexión, no asesoría legal ni funeraria. La disponibilidad y regulación del entierro ecológico varían por país, estado y municipio; consulta directamente con el panteón o la autoridad sanitaria de tu localidad.

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